03 marzo, 2009

Sangre en el suelo. Francis Bacon


Hay un antes y un después. Hay un crimen.Hay un cuerpo, hubo un hombre. Hay un espectral espacio vacío cargado de violenta presencia.
Hemos muerto. La abstracción más figurativa esculpe sentimientos de desgarro. No es fácil dejar de mirar.
La muerte, siempre inexistente pero siempre presente es como la sangre de este cuadro.
Sangre en el suelo. Como sus carnes, sangre liricamente retorcida. Sorprendida por la pincelada y el color reflexiono sobre una relectura de la obra de Bacon. Una relectura personal, eso está claro.

Más allá de cualquier agresión o angustia su soledad es expresiva. Ruge de vitalidad, y por lo tanto de finitud. El animal ama desgarradamante. Retratos y autoretratos. Pintar en privado. No es existencial, es amor. Creo descrubrir cierta nostalgia. Iriente incomprensión. Este Bacon pintaba con las entrañas, está claro, pero su intelectualismo, del que muchos extrañamente se quejan, arranca nuestros ojos para depositarlos en esas bocas punzantes de las que nadie escapa. Sexo oral desgarrador y líneas verticales. Jaulas de cristal. La asfixia no es una queja, es una costumbre, vivimos sin respirar.Sus obras son terrorificas porque no sacian, delante de sus carnes humanas en continuo movimiento (y por lo tanto en continua descomposición) no podemos más que reconocer nuestros cuerpos cuando no son más que puras sensaciones. El amor, el odio, nos retuercen y nos comprimen, nos deforman, nos asfixian. La contradicción de la existencia es la desgracia mas sublime. La luz y el color, estrañamente atractivos son tan fuertes que hieren a los ojos. Esa mezcla casi transparente, esa materialidad; mas contradicciones.Dejémosnos matar en esos banales espacios vacios. Cotidianos.

Bacon no pinta más que vida de la forma más vital y por lo tanto más abyecta. La condición humana expusta y crucificada.

(....)

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