08 septiembre, 2009

Homenaje.4


A Beatriz Viterbo

El ojo de Dios resbala sobre su cuello blanco. Después se abre la grieta y la mancha pierde la forma. Va dibujándose hacia un instante que inscribe al universo.
No hay marcas de lamentaciones. Tu renuncia me ha convertido en lo que soy. Ese mirar como desde un otro lado donde todo sucede siempre de la misma forma. La repetición continua de lo vivido. La nada que siempre ensordece al todo.
He visto tantas cosas. Sentada en este mismo sitio que sólo es palabra y papel me he visto llorándote desconocida. Me he visto morir y nacer. Morir y después escribirlo: aquel agujero.

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