10 marzo, 2010

No puedo escribir que quiero dejar de escribir porque la muerte, y la enfermedad, y la muerte, y los cuerpos girando desafiando los límites de lo que al describirse va extinguiéndose sin retorno.
Porque la muerte, y la habitación vacía, y la muerte, y yo sin ojos que te vistan de lenguajes esclavizados y sin pájaros de alas infinitas llorando en el desierto.

Y nieva, ¿y ahora dónde sino a la playa hemos de volver? Levantan las olas las tumbas de peces milenarios que rezaban para salvarme y mientras la muerte, y todo lo que no puedo escribir, y la muerte, terminan volviéndose contra mi misma.

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