17 noviembre, 2009

Mi cuerpo es una prolongación del lamento. Se arranca desesperado, me insulta.Hemos convertido en estatua al Nombre, ídolo de oro, palabra de la palabra ausencia.
Los rostros que se han girado no saben contemplar mi llanto de Dios encolerizado. He descendido por el tiempo que son mi cuerpo y las cenizas. He descendido desde el pájaro abierto en llamas.

Nadie sabe pronunciarme. Me han inscrito en círculos de aguas aterrorizadas, me han descubierto rozándome desnuda con sus lenguas. ¿En que piensan los ahorcados antes de morir si no en la sangre y el grito hundido en la Palabra?
¿A quien pido silencio yo si no es a la noche de la poeta que amenaza con su miedo al decir sin nombrar la vida?

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