21 abril, 2009

Acerca de Juan Muñoz (borrador)


Las manos se caen. El cuerpo carente de cuerpo pesa.
El hombre mira al mar pero no ve más que la máscara y la ausencia.
El confesor es juzgado, las líneas de comunicación se cruzan. Se entrecruzan. La ilusión tiene la capacidad de crear realidades, es inegable. Las escaleras dan vértigo y los rostros son sombras de las que tímidas se abren las bocas.
¿Donde miran los mirones?. Los ojos verticales incomodan. No puede uno dejar de desorientarse en esas salas casi vacías llenas de estatuas que se rian solas ¿de quién?, que ríen a carcajadas, disimulando o de histeria. Que rien antes de caer precipitadas a su muerte. Pero, ¿como mueren las estatuas?. Ahorcadas por naturaleza, escupiendo cuerdas que se enredan al techo para dejarlas caer al vacío. El hombre muere ahorcado por si mismo.

Desorientación, espacios circulares, blanco y gris, cotidianidad inquietante. Espacios metafísicos que se arrojan sobre ti, que te dejan entrar y te obligan a salir. Conversaciones que se enredan de la boca a la oreja atándonos como maniquíes sin cuerpo. Las manos buscan algo a lo que agarrarse, pero la verdad esque no hay nada. Solo balcones interiores con vistas a ningun lugar y juegos ópticos en las baldosas. La comunicación es narración sugerente y silenciosa.

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