29 febrero, 2012

Cuando un hombre se convierte en ciudad.

Supo entonces que Mexico D.F siempre le recordaría a su padre.

En el avión todo estaba en orden. En ese orden que insisten en denominar el adecuado. Asientos cómodos, sonrisa cómoda, aire acondicionado, un whisky en vaso de plástico. Te paras a pensar en la frontera. En ese lugar de cruce del que nadie sale con vida. Esa linea-de-muerte donde la política se ejecuta en el desierto. El Leviatan tiene que poner en orden el tráfico global de sustancias que alteran la conciencia. El monopolio de los "estados de conciencia" es subterráneo pero innegociable. De nuevo vuelves a la pantalla de plasma incrustrada en el cabecero del asiento de delante y das un trago al whisky. Senos de silicona y fuegos artificiales, explosiones, persecuciones, una trama sin tiempo y sin trama que sostiene tu tiempo. 12 horas encerrado en un pájaro mecánico donde no sucede nada. Agonía.
Tu padre era un hombre que siempre te había parecido extranjero. No acostumbraba a mirarte ni a dirigirte la palabra. Velaba por ti, te decían que trabajaba para que su hijo tuviera una posición reconocida. Ahora sabes que un hombre sin el reconocimiento de su padre apenas tiene posición. Solo sabe mantenerse ahí, balanceándose entre el lugar al que quiere ir y ese otro al que no pertenece. La herencia genética que te determina: la mutación de la "extranjereidad", piensas. De nuevo la pantalla y la frontera. Una rafaga de balas sin propiedad buscan una presa. En ese mismo instante en la bolsa de Hong-Kong una jauría de hombres con traje obtienen los campos de cultivo de tres cuartas partes de un pais de nombre impronunciable. El piloto informa de que la temperatura exterior es de 5 grados centígrados. La protagonista muere en brazos del protagonista; fundido en negro, voz en off: "Esta es una historia basada en hecho reales". Cuando quieres darte cuenta el avión ya está aterrizando. Las azafatas te dan la bienvenida con tequila y rancheras. Turismo sexual, viajes de fin de curso, negocios, cualquier otro tipo de negocios. "La ciudad os da la bienvenida, deseamos que tengan una feliz estancia en Mexico D.F". Los pasajeros aplauden a la tripulación. Te peleas por recuperar tu equipaje de mano.
La ciudad apenas ha cambiado en todo este tiempo. Firmas el acta de defunción y vuelves al aeropuerto.
Cuando un hombre pierde la ciudad, la ciudad pierde su nombre.

Aunque te invitaron, tu nunca más volviste a México D.F.

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